-¿Quién eres?, ¿Sabrías decir quién eres?-
-No. Hace tiempo que perdí esa habilidad-
-¿Eres consciente que tienes un problema?-
-Sí, eso me dicen, pero es que me desperté y noté que algo no iba bien-
-Y bien... ¿Qué piensas hacer?-
-Pues si te digo la verdad, quiero correr, quiero salir de aquí e irme lo más lejos que pueda, quiero dejar atrás todas las vidas que ayer, hoy y mañana he tenido, tengo o tendré. Quiero salir y no mirar atrás, no quiero ser seguida, quiero irme sin dinero y buscarme la vida como sea o con lo que sea, quiero que la gente deje de preguntar por mi, quiero que me den por muerta porque necesito desaparecer, necesito encontrarme y ser yo misma, no estar anulada, quiero dejar de escuchar a mi conciencia o a mis pensamientos. Quiero olvidar que tengo familia, novio, amigos, quiero olvidar que hay gente que depende de mi y quiero ser libre-
-¿Huir?-
-Sí-
Y salió corriendo, se fue, había tomado la decisión aceptando o no las consecuencias de ello y aunque le duela es su decisión y debía ser consecuente.
Salí corriendo y cuando llegué a una plaza repleta de gente me tropecé y caí al suelo con la consecuente respuesta del llanto desesperado que no podía parar nadie, no me había hecho daño pero lloraba sin parar y no quería parar, necesitaba desahogarme y llorar era la mejor solución. La gente se acercó a preguntarme si estaba bien o no, hicieron un círculo a mi alrededor y una de las voces de un hombre al fondo decía:" A mi de pequeño me dijeron que si me caía 7 veces que me levantara 8". Otra voz que sonaba algo más joven decía:" Pues a mi me dicen siempre que se aprende a no caerse más cuando se ha caído unas cuantas veces". Y otro hombre, más bien diría un chico más joven todavía dijo:" Cuando huyes lo que haces es prorrogar los problemas que tienes o las razones de la huida pero a la vuelta porque siempre hay que volver todo sigue en el mismo sitio".
Cierto. Tan real y verdadero como el sol, tan real como que existo porque pienso y tan real que no me quería dar cuenta. Quería huir como una niña chica a la que le han quitado su juguete favorito y corre llorando en vez de pedir que se lo devuelvan, me sentí estúpida en ese instante, inservible como un pañuelo de usar y tirar, sentí que no tenía porqué seguir ahí tirada en el suelo, quejándome por un daño inexistente. Sentí que debía levantarme y aprovechar para poner todos mis asuntos en orden, sentí que ya bastaba de hacerme la dura o la frágil, que ya bastaba de poner dos caras, que debo afrontar la realidad lo mejor que puedo y siempre empleando todas mis armas y cada una de ellas en luchar contra mis problemas.
Lloraré un día y lucharé el resto de los días.
Me caeré 7 veces y me levantaré 8.
E intentaré por todos los medios afrontar los problemas pensando con la cabeza y el corazón.


