lunes, 14 de junio de 2010

Decir adiós


Todos los días saludamos y decimos adiós a personas que nos cruzamos por la calle, vemos que debemos hacerlo por educación y respeto.

Decir adiós no duele, es pasajero siempre y cuando no sea un adiós para siempre. Hay muchas formas de decir adiós. Nos vemos, hasta luego, hasta mañana, chao, bye, agur, au revoir y solamente hay una forma de sentirlo.

El adiós que decimos para siempre, que decimos cuando tenemos que asumir que es para siempre, es un adiós diferente, entraña muchísimos sentimientos, muchísimo coraje, mucha rabia, mucho dolor.

Ese adiós es el fin de una era, el paso de una página de nuestra vida para comenzar a escribir la siguiente. Ese adiós es triste, es un adiós que nos duele y debemos asumir.

En una estación de metro te dije adiós y me dolió, me quedé sin aliento con ganas de tirarme al suelo y quedarme enroscada como un ovillo de lana y esperar a que pasara el mal tiempo.
Te quedas sin fuerzas, flaqueas como es normal y lógico porque a nadie nos gusta decir adiós y que éste sea para siempre, a nadie.

Simplemente asumir el cambio. A veces nos aferramos tanto a algo que no queremos perder ese algo aún cuando ese algo es dañino y nos hará bien, aunque el adiós supone el alivio, nos duele decirlo y sentirlo.

Cuando hemos aceptado la pérdida damos un paso hacia delante, crecemos un poco más en nuestro corazón, nos volvemos más sabios y responsables aunque hayamos llorado, gritado, callado, sonreído, es distinta el grado de madurez.

Hay personas que son partidarias de retirar la tirita con rapidez para sentirlo todo de golpe y otras personas quitan la tirita con cuidado y despacio porque piensan que así es menor el dolor.
Soy de los que piensan que más vale rápido a lento porque para mi lento es sinónimo de doloroso y es una analogía a mi pensamiento sobre el adiós que más vale aceptarlo pronto que negar lo evidente o hacerlo más duradero porque posponer el adiós es más doloroso y más aún si has aceptado la separación.

Diciendo adiós, pasando la página, aceptando el cambio son formas de poder superarlo para saber enfrentarse a un presente y un futuro incierto. Aceptar que no sabemos lo que pasará mañana.

El adiós duele si es para siempre.

Poder decir adiós es crecer.

Gustavo Cerati



3 comentarios:

Sí es lo que parece dijo...

La verdad es que para mi supone un gran esfuerzo decir Adios, pero una vez dicho, asumo eso que he leído en tu entrada que hay que dar un paso más, que cerramos una puerta para abrir la siguiente y eso nos permite crecer.

Saludos y feliz semana

Mandarina López dijo...

Curiosamente, acabo de darme cuenta, de que no suelo decir adiós, siempre me da por decir "hasta luego"... ¿Será un mecanismo de defensa inconsciente?
Bonita entrada ;)

Lau dijo...

Linda entrada!! y si que duele decir adiós cuando es para siempre...