martes, 1 de junio de 2010

Pandora



Se abrió la caja de Pandora. Estábamos todos sentados alrededor del fuego. Nos mirábamos unos a otros y todavía no sé a quién se le ocurrió la idea de jugar a ese estúpido juego. Estábamos algo más bebidos de la cuenta, achispados diremos. Dijimos que describiríamos a una persona, daba igual la persona en sí y los demás debían adivinar quien es la persona en cuestión por la descripción. En esa descripción teníamos que dar dos cualidades positivas o buenas y otras dos malas o negativas y así adivinar cual era la persona que describía.

Absurdo. Lo sé. Nos caracterizamos por tener un grupo unido y con mucha relación durante mucho tiempo por eso siempre hemos coincidido en muchas cosas, siempre hemos pasado mucho tiempo juntos, viajes, tardes, días, noches. Podemos decir que nos conocemos bien. Siendo la psicóloga actué como tal y propuse esta dinámica realmente apreciada para solucionar diferencias en parejas o en familias pero no en amigos.

Por supuesto debí darme cuenta que las personas nunca aceptan bien las críticas aunque te aseguren lo contrario. Puede que se lo tomen bien pero interiormente siempre pensarán porqué yo, porqué a mi, etc.

Digamos que al igual que en el trabajo, en el colegio, en la universidad, en los grupos de amigos siempre hay unos que se llevan mejor con otros pero somos un grupo igualmente. Algunos están más tiempo otros menos, a unos les tienes más afecto y a otros menos, etc. Digamos que hicimos esa dinámica para intentar limar asperezas y mejorar nuestras relaciones pero nada más lejos de la realidad. Se produjo un intercambio de insultos, un intercambio de opiniones que terminó en discusiones y peleas. Los reproches estaban a la orden del minuto y a veces decíamos la cualidad negativa con miedo pero es la verdad y hay que honrar la verdad, no podemos ser falsos, aunque también por otra parte aprovechamos para sacar todo lo que llevábamos dentro. Obviamente al día siguiente nos arrepentiremos de todo lo que decimos para bien o para mal. Pensaremos si merece la pena lo dicho, o simplemente actuaremos como si no nos acordáramos de nada aunque sea lo contrario y no paremos de darle vueltas a lo sucedido.
Puede que volvamos de esa situación con un amigo menos, o con la idea de alguien bastante cambiada. Pero somos personas y no podemos dejar que estas situaciones nos hagan daño solo por callar, por no ser sinceros con los demás.

Pese a todo al día siguiente hablamos fríamente y habiendo calmado nuestros humos porque debemos mirarlo todo con perspectiva y nunca ser reacios a la posibilidad de cambiar y de ser mejores personas aunque eso lleve inscrito la sinceridad.

Aunque duela la verdad. Agradeceremos siempre que nos digan la verdad porque por eso podemos aspirar a ser mejores personas.

Podemos decir que le caemos mal a alguien, pero cuando le caemos mal a un alguien, dos alguien, tres alguien, cuatro alguien, cinco alguien entonces debemos empezar a preguntarnos si el problema está en nuestra persona.



2 comentarios:

Sí es lo que parece dijo...

Muy buena la reflexion, yo siempre he pensado que prefiero una verdad por dura y terrible que sea que una mentira que a la larga ta cusará mas daño, siempre suele ser así.

Conociendo esa verdad puedes reaccionar, tomar medidas, pero engañada, estamos limitados y sin opción a actuar

Su dijo...

Es como el del chiste que va en dirección contrario por la autopista, oye en la radio que hay un loco suelto que va "al revés", y dice "¡sólo uno! ¡hay miles!". Pues eso... ;)

Un beso!