miércoles, 25 de agosto de 2010

Lo que me llevó a tu cama...



No estoy acostumbrada a dormir con alguien. La gente dice que debes dormir muchas noches con otra persona para acostumbrarte a sus movimientos, para que os volváis una canción que perfectamente encaja los acordes con el ritmo.

Una noche de verano casi invierno me fui con mi pareja a su pueblo, metido éste en la montaña a las espaldas de Sierra Nevada, su pueblo por el día es muy caluroso y por la noche refresca bastante, digamos que hacen siempre unos 8 o 9º de diferencia. En el pueblo el verano casi invierno se define por esa disparidad de grados que se comparan a las 12 del medio día y a las 12 de la media noche.

Llegamos algo temprano a su pueblo y un amigo suyo nos invitó a ir a su piscina, inchable, pero piscina al fin y al cabo. Creo que era la única en todo el pueblo, nos dimos un baño que por cierto el agua estaba congelada y pasamos la tarde allí. Al llegar a la casa nos pusimos a cenar y como sólo teníamos un día decidimos irnos a la cama temprano porque no teníamos otra distracción, ya me diréis que distracción es una televisión en la que solamente se aprecian 2 canales.

Antes de dormir decidimos quemar alguna que otra energía practicando un sano deporte. Nos quedamos fritos, dormidos plácidamente, agarrados el uno al otro desnudos después del calor que habíamos pasado.

En mitad de la noche comenzó a refrescar demasiado y como es lógico teníamos la ventana abierta de par en par porque de otro modo nos íbamos a morir allí, pues bien, cuando refrescó no caímos en la cuenta que sólo había una triste colcha de punto que apenas abrigaba, no lo suficiente para aquel frío vespertino y comenzamos medio dormidos y medio conscientes a tirar de la manta del otro, al final nos despertamos y cogimos otras mantas del armario.

Cogió la manta y nos tapó a los dos, nos abrazamos y besamos otra vez volviendo a la rutina de antes de dormirnos y tuvo un detalle conmigo, un detalle que me hizo soltar una lágrima.
Después de terminar agotados me dijo que no me quedará al aire que me enfriaría y me abrazó, me abrazó de tal manera que no quería soltarme, me dijo que me quería y me beso el pelo, con su mano por otro lado me acarició la barriga deteniéndose en mis dedos, cogiéndome los dedos suavemente y dedicándome caricias que me llegaban al alma.

Puede que tuviera los sentimientos a flor de piel, puede que ese día estuviera demasiado sensible o puede simplemente que en ese momento me diera cuenta que es un hombre, que es mi hombre, el hombre que si me ve mal llora y si me ve bien se ríe conmigo. Me besó en la frente, un beso que significa protección y cuidado.

Por la mañana el madrugó antes de la cuenta, digamos que sus horarios de sueño siempre están cambiados por motivos laborales, al despertarse miró la hora en el móvil, me despertó la luz y sus movimientos. Cuando fue a salir de aquella habitación en la que entraban rayos de sol por los claros de la persiana, me tocó con sus fríos dedos la mejilla, me miró y me tocó la mejilla.

Siempre me meto con su forma de actuar, es muy bruto y bastante tosco para hacer muchas no, muchísimas cosas, tales como arreglar algo que se rompe, ir por el campo y hacer las cosas con brutalidad, pero a veces se vuelve tan delicado y tan frágil que me parece surrealista, que me recorre la sensación de estar con otra persona que no es él.

Esos detalles son los que me hacen sentirme viva, los que me hacen sentir que me ama por encima de todas las cosas, esos detalles son los que disipan todas las dudas que en momentos de lujuria puedan surgir en mi cabeza como una mala pasada y hasta hacer que me vuelva a pelear contra él.

Y así es como me tiene enamorada, como me tiene hipnotizada y me deja con una sonrisa de oreja a oreja durante el resto del día, así es cómo me conquista poco a poco y cada vez más.
Después apareció de nuevo en la habitación y fue cuando, de su modo peculiar, me hizo despertar de mis sueños, de los sueños a los que me había dejado sucumbir tras sus roces. Llegó, me levantó la persiana, me quitó las sábanas y me obligó a despertar, toscamente y de una manera bruta que no me gustó, pero me dio igual porque yo seguía extasiada, cuando el vio la cara que llevaba me preguntó por mi sueño algo preocupado, a lo que le contesté que estaba así porque había soñado con Ashton Kutcher.

Cuando pasan esas cosas es mejor callarse porque si hablas aumentas un ego que no sabes por dónde saldrá al día siguiente.

Entre mis sábanas arrugadas
te deslizaste, te hiciste ver,
tal como eres, me dejaste acariciarte,
me dejaste ver tu pura alma,
tu pura pasión.
Cuando por accidente
me crucé con tu mirada,
bastó eso para que un volcán
hiciera erupción.

Las cosas pequeñas, si se ponen juntas, son más grandes que las grandes. Henri Barbusse

Los pequeños detalles son los que hacen que el mundo funcione.

6 comentarios:

plinnn... dijo...

:) qué lindooooo :))) es bonito leer que se quieren así :)) un besote muy grande :))) muacssss

CreatiBea dijo...

Precioso.

Me ha gustado eso de que a veces es mejor callar que decir lo que estamos pensando, por lo de alimentar su ego...

Un abrazo

Sí es lo que parece dijo...

Precioso, precisamente ese tipo de cosas son las que me han enamorado de mi chico, y precisamente es ese tipo de cosas las que nunca le confesaré que me enamoraron de él.

A veces me abraza, de manera que parece que me sostuviese para que no me caiga.

Asi que se a lo que te refieres y me alegro mucho por ti, esas cosas compensan a lo brusco y tosco, verdad?

Besos

teologiadeS dijo...

Sies: Siempre compensa, a todo lo malo que hace porque precisamente en esos momentos se olvida todo y solo se reduce a la existencia de los dos.
Otro beso.

Creatibea: ya sabemos como son los hombres, si les dices algo que sea un cumplido se pasarán el día entero con una sonrisa y ellos no suelen hacernos cumplidos o si lo hacen se refieren a alguna parte física de nuestro cuerpo
Otro abrazo de vuelta.

Lunhya dijo...

Qué bonito! un beso

África dijo...

Yo quiero una noche igualita que esa! :)